Archive for September, 2007

Colores

September 18, 2007

Colores que se encuentran

mientras observo un horizonte gris, lejano.

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Un momento que no espero.

Solo observo.

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Te veo pasar, siento el aire que desplazas.

Espero.

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Azul cobre, azul guernica, azul cielo.

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Los pañuelos del mago no se acaban,

ropajes escondiendo infinitos.

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Espero.

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Pero no espero tu pregunta, ni tu respuesta.

Hay algo más, algo detrás que aún no llega.

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Verde esmeralda, verde mentira.

Yo no esperé por esto.

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El oro se esconde bajo el río,

la sal se pierde en el agua.

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Sólo busco un silencio, un momento,

saber que no es necesario pensar.

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Sólo cierra tu mano, yo estoy ahí.

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Tres meses

September 8, 2007

Han sido ya tres meses y no dejo de dar gracias por haberte encontrado.

I love you =*

¿ No somos nada ?

September 2, 2007

Justo después de leer el texto siguiente (que presento un poco resumido) se presenta una señora en la clínica comentando atónita, “los perros también se enferman del hígado”. Pues si, también tienen hígado. Entonces recordé esta reflexión, acerca de cómo los humanos pensamos ser creaciones divinas, sin comparación alguna, y como la mala ciencia viene a desmentir todo eso (podría ser una de las razones por las cuales muchas personas odian a la ciencia). El caso es que si, somos primates, mamíferos, vertebrados, animales al fin y al cabo, resultado de la evolución. Sin embargo, sean cuales sean los argumentos, siempre encontramos una forma de hacernos destacar, de separarnos del resto de los seres vivos.

¿No somos nada?

20 de agosto de 2007

Hasta la Edad Media, el hombre estaba cómodamente sentado en un trono en el centro del universo, desde donde reinaba casi al inicio, unos cinco mil años atrás, sobre todas las criaturas. Nos cuenta Stephen Jay Gould cómo, a partir de entonces, el hombre comenzó a enfrentar un doloroso proceso, en el cual, paso a paso, se irían derrumbando sus ilusiones de estar en un lugar trascendente en el universo. Este gran paleontólogo cita a Sigmund Freud, observando que las principales disciplinas científicas han contribuido a esta reconstrucción del pensamiento humano: “La humanidad ha tenido que soportar dos golpes fatales de la ciencia a su inocente autoestima. El primero fue al darse cuenta que nuestra Tierra no es el centro del universo, sino solamente un granito de polvo en un universo de magnitud inimaginable. El segundo fue el ser robado del privilegio de haber sido creado de forma especial, quedando como un descendiente del mundo animal.” Continua Freud afirmando, en uno de los pronunciamientos menos modestos que jamás se hayan hecho, que su propio trabajo es un tercer golpe, que derriba posiblemente el último pedestal de la confianza del ser humano en sí mismo (el consuelo de que a pesar de haber evolucionado del mono, por lo menos poseíamos mentes racionales). Al derrumbe de la confianza del hombre en su propia supremacía, ocasionado por la física, la biología y la psicología, nos dice Gould, habría que agregarle la contribución de la geología. El descubrimiento del tiempo profundo, que nos privó de la confortable situación de pertenecer a una Tierra joven, dominada por el hombre casi desde su origen. Quedamos abandonados en una inmensidad de tiempo, en la cual la existencia de la humanidad está restringida a un milimicro- segundo del último instante.

Considérese la historia de la Tierra como si fuera la antigua medida de la yarda inglesa, la distancia de la nariz del rey a la punta de su brazo extendido. Una sola pasada de una lima de uñas sobre su dedo medio borra toda la historia de la humanidad. Valdría la pena recordar que la edad de la Tierra se considera en la actualidad en unos 4.57 mil millones de años, aproximadamente la tercera parte de la edad del universo, estimada en 13.7 mil millones de años. Para el hombre, cuando observa el macrocosmos, la Luna, el Sol, la Tierra y todo el mundo visible no son más que un punto insignificante en la enorme cavidad del universo. Y cuando el hombre voltea su mirada hacia abajo, al microcosmos, encuentra otro universo en la infinitud de lo pequeño. En el ancho de un cabello humano cabe un millón de átomos de carbono. Una sola gota de agua puede contener dos sextillones de átomos de oxígeno (un dos seguido de 21 0’s). Y el núcleo del átomo es inimaginablemente pequeño. Si comparamos un átomo con una catedral, el núcleo no sería más grande que una mosca. Entre dos infinitos, el hombre que antes creía dominar el universo, percibe así su insignificancia.

En 1900 se comienza a gestar el otro golpe a la autoestima de la humanidad, con el trabajo de Max Planck, que conduce a la formulación de la mecánica cuántica en 1926, por Werner Heisenberg, Erwin Schrödinger y otros. Esta teoría implica una limitación fundamental en la capacidad del hombre de predecir el futuro: el universo es probabilístico, no determinístico como se pensaba. Incluso Einstein nunca pudo aceptar el golpe: “Dios no juega a los dados con el universo”. En la primera mitad del siglo XX, el ego homocéntrico recibe un golpe tras otro. Ahora le toca a las matemáticas, en especial a la lógica, hacer su contribución. El trabajo de Gödel ha tenido un enorme impacto en el pensamiento científico y filosófico. En 1931, a los 25 años, demuestra sus Teoremas de Incompletitud, que implican que ni siquiera en el mundo de las matemáticas el hombre está posibilitado de saberlo todo, de tener un piso firme donde pararse. A los golpes al ego del ser humano asestados por la física, la biología, la psicología, la geología y las matemáticas, se añaden los de la computación. Mientras el hombre empieza a soñar con robots y supercomputadoras, en 1936 otro jovencito de 24 años, Alan Turing, publica un trabajo que derriba las esperanzas del ser humano en su capacidad para resolver problemas. Con este trabajo y otros de Alonzo Church y Stephen Kleene se descubre que ni siquiera con la ayuda de estas máquinas temibles, aparentemente todopoderosas, el hombre volverá a reinar sobre el universo. Aunque hay muchos problemas que las computadoras pueden resolver, el universo de los que no se pueden solucionar es infinitamente más grande, no solamente para las computadoras del presente, sino también para cualquiera que pudiera inventarse en el futuro. El golpe final de la computación llegó en 1965 con el trabajo de Hartmanis y Stearns quienes van más allá de estudiar si un problema es computable o no; se preocupan por estudiar cuánto tiempo tomaría en resolverse. Y es cuando descubrimos que del pequeño mundo de los problemas computables, la gran mayoría está fuera de nuestro alcance, ya que tomarían en resolverse más tiempo que la edad del universo, inclusive con las más veloces computadoras que el ser humano pueda imaginar en inventar.

Hemos quedado lejos de la imagen del mundo que prevaleció por siglos, hasta la Edad Media, con el hombre situado tranquilamente en el centro, el firme suelo de la Tierra bajo sus pies
, y las seguras esferas celestes por arriba, habitadas por Dios y sus ángeles. Pascal aterrorizado decía: “El eterno silencio de estos espacios infinitos me llena de temor”. Pero es justamente ésta la grandeza del hombre, que es el único capaz de observar estos abismos, de estudiarlos, de temerles y maravillarse con ellos.

SERGIO RAJSBAUM *