Ego

Todo el sufrimiento de mi vida se concentra en este ego, que provoca un miedo irracional, tiene miedo de ser menos, cuando no es. Tiene miedo de estar solo, cuando no está. Tiene miedo y hace daño. Le tiene miedo a los monstruos que se inventa, se rodea de cadenas imaginarias. Mi ego se clava una daga en el pecho constantemente, cree que así puede aprender, cree que así puede arreglar. Mi ego tiene miedo a que lo cuestionen, no quiere saber si ha fallado. Mi ego busca afuera para llenarse de algo, tiene sed en medio del lago, tiene frio bajo la luz del sol, se siente solo imaginando límites. Mi ego dibuja una cárcel en el piso, decide no salir de ahí.

 

Pequeño ego que se cree importante, pequeño ego que no ha podido crecer, que sigue siendo tan infantil. Pequeño ego, es hora de descansar. Ya no me sirves, ya no quiero tu dolor, ya no quiero que lastimes a otros.

 

Pequeño ego, ve a dormir, descansa, cierra los ojos, los oidos, la boca, la piel, los recuerdos. Detén ese tren incansable en que te has convertido. Es hora de dormir, es hora de soltar. No te preocupes, tu existencia es no existencia, tu dormir es despertar.

 

No temas más, tu huir es el miedo, no temas, no huyas. ¿Puedes tocar las barreras? ¿Puedes tocar las cadenas? No. No son más que humo; estira los brazos, estira las piernas, nada los detiene. Da vueltas, disipa la neblina. El suelo se pierde, pero no caes, no hay arriba, no hay abajo. Espacio infinito. Luz. Paz. Amor.

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